Si PAPA NOEL o SANTA CLAUS no te trajo lo que le pediste, lee esto:
Santa Claus tiene alrededor de 31 horas de Navidad para realizar su trabajo, gracias a las diferentes zonas horarias y a la rotación de la Tierra, asumiendo que viaja de este a oeste –lo cual parece lógico. Esto suma 968 visitas por segundo.
Como quien dice, para cada cristiana con un niño bueno, Santa tiene alrededor de una milésima de segundo para:Suponiendo que cada una de esas 108 millones de paradas están equidistribuidas geográficamente, estamos hablando de alrededor de 1 248 km entre casa y casa. Esto significa un viaje total de 121 millones de kilómetros, sin contar descansos o paradas al baño.
- estacionar el trineo
- bajarse del trineo
- entrar por la chimenea
- llenar las botas de regalos
- distribuir los demás regalos bajo el arbolito
- comer los bocadillos que le dejan
- trepar nuevamente por la chimenea
- subirse al trineo
- llegar a la siguiente casa
Por lo tanto, el trineo de Santa Claus se mueve a una velocidad de 1 040 km/s, es decir, casi 3 000 veces la velocidad del sonido. Hagamos una comparación: el vehículo más rápido fabricado por el hombre es la nave conocida con el nombre de ULISES SPACE PROBE y éste viaja a una velocidad máxima de 44 km/s.
La carga del trineo agrega otro elemento interesante. Suponiendo que cada niño sólo pidió un juguete de tamaño mediano –digamos de 1 kg-, el trineo estaría cargando más de 500 000 toneladas, y eso sin contar a Santa Claus. En la Tierra, un reno normal NO puede acarrear más de 150 kg. Aún suponiendo que un reno pudiera acarrear 10 veces el peso normal, el trabajo obviamente no podría ser hecho por 8 ó 9 renos. Santa Claus necesitaría 360 000 de ellos, lo que incrementa la carga en otras 54 000 toneladas, sin contar el peso del trineo.
Más allá de la broma, 600 000 toneladas viajando a 1 040 km/s sufren una resistencia al aire enorme, lo que calentaría a los renos, de la misma forma que se calienta la cubierta de una nave espacial al ingresar a la atmósfera terrestre. Por ejemplo, los dos renos de adelante absorberían 14,3 quintillones de joules de energía por segundo cada uno, por lo que se calcinarían casi instantáneamente, exponiendo a los renos siguientes y creando ensordecedores “booms” sónicos. Todos los renos se vaporizarían en un poquito más de 4 milésimas de segundo, más o menos cuando Santa Claus esté a punto de realizar su quinta visita.
Si no importara todo lo anterior, hay que considerar el resultado de la desaceleración de 1 040 km/s. En 0,000 1 s, suponiendo un peso de Santa Claus de 150 kg, estaría sujeto a una fuerza de desaceleración de unos 17 500 gramos-fuerza y SE INCRUSTARÍA EN EL FRENTE DEL TRINEO con una fuerza de 2 315 000 kilogramos-fuerza, rompiendo al instante sus huesos y desprendiendo todos sus órganos, reduciéndose el pobre a una masa sin forma, aguada y temblorosa.
Aún y con todo esto… ¿le reclamarías a Santa que le habías pedido otro regalo?
Siempre pensé que era un desperdicio escribir un diario que luego había que estar escondiendo todo el tiempo. Por eso este diario íntimo también es público.
martes, 26 de diciembre de 2006
¿Papá Noel no cumplió con tu pedido?
A veces uno no puede resistirse a reproducir alguna de esas bobadas que llegan por internet y que se expanden como cáncer. Ésta vez me tocó a mí, pero es que no puedo contra mi propia naturaleza. Eso sí, no lo sometan a la prueba de la plausibilidad, por favor, je, je, je, je...
viernes, 22 de diciembre de 2006
La aventura del Money Gram
Resulta ser que el Sitio de Ciencia Ficción cumple 10 añitos de vida y el gran Francisco José Súñer Iglesias, amo y señor del Sitio, nos ha invitado (a la Tertulia Caraqueña) a un brindis en su honor, cosa que, como buenos venezolanos (caña por cuenta de otro, yepaaaaa), no vamos a desperdiciar.
Francisco me decía que me enviaría el dinero por Money Gram y que sólo le habían pedido mi nombre, y ninguna otra información. "Qué fácil", me dije.
Sí, fácil... para él.
Ayer fui al Italcambio del Sambil, que tiene el servicio de Money Gram, para retirar el dinero. Me presenté con el número de orden que Francisco me había dado y pregunté qué tenía que hacer. Vale la pena ponerlo como lista, para no despelotarlo:
¿No es como exageradita la cosa?
Francisco me decía que me enviaría el dinero por Money Gram y que sólo le habían pedido mi nombre, y ninguna otra información. "Qué fácil", me dije.
Sí, fácil... para él.
Ayer fui al Italcambio del Sambil, que tiene el servicio de Money Gram, para retirar el dinero. Me presenté con el número de orden que Francisco me había dado y pregunté qué tenía que hacer. Vale la pena ponerlo como lista, para no despelotarlo:
- Primero llené una planilla con mi nombre completo, cédula de identidad, dirección completa (incluyendo código postal), teléfono, monto a recibir, nombre de la persona que me lo envía (y me pedían también su teléfono... ¿cómo cuernos iba yo a tener el teléfono de Francisco? menos mal que no me lo exigieron, que si no...). Y la firma, por supuesto.
- Luego pasaron los datos de la planilla a la computadora, preguntándome algunas cosas adicionales, como mi fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad, profesión, dirección y teléfono de mi trabajo.
- Entonces imprimieron una planilla con el tipo de cambio y me hicieron firmarla.
- Después me dieron otra planilla en la que tuve que poner de nuevo todos mis datos, más una declaración jurada en la que tuve que especificar por qué concepto me estaban enviando el dinero y para qué lo iba yo a emplear. A esta planilla tuve que ponerle las huellas de mis pulgares izquierdo y derecho.
- Entonces fui a la caja, donde me hicieron llenar otra versión de la misma declaración jurada antes de darme el dinero (y claro, con el cuento de que no tienen sencillo, me escamotearon 790 bolívares...)
- Junto con el dinero me dieron una planilla más que debía entregar... ¡para que me devolvieran mi cédula!
¿No es como exageradita la cosa?
martes, 5 de diciembre de 2006
Guardianes viajeros
Pues sin muchos comentarios, sólo quería mostrarles las fotos que tomé estando con Kamus en Querétaro y que no he puesto aún en el blog.
Señores, sean bienvenidos a la QUINTA REUNIÓN INTERNACIONAL DE GUARDIANES DEL SANTUARIO, Santiago de Querétaro, México, 28 y 29 de octubre de 2006.




Lean sobre las anteriores reuniones aquí.
Señores, sean bienvenidos a la QUINTA REUNIÓN INTERNACIONAL DE GUARDIANES DEL SANTUARIO, Santiago de Querétaro, México, 28 y 29 de octubre de 2006.




Lean sobre las anteriores reuniones aquí.
México/Panamá 2006 - Día 6 (de 22)

El domingo fuimos con Kamus a San Miguel de Allende, un "pueblo" que está a unos 45 km de Querétaro. Puse la palabra pueblo entre comillas porque era en verdad grande. Como ya les había dicho, era esto, Guanajuato o la Peña de Bernal.
Empezamos por la visita al mirador antes de entrar al pueblo mismo. Luego nos dedicamos a caminar. Miento, primero hicimos un periplo en busca de un puesto de estacionamiento, que finalmente conseguimos... en un lugar prohibido (ojo, que no sabíamos que estaba prohibido, ni nuestro baquiano lo sabía, de eso nos enteramos en la tarde, al ir a buscar el carro).Una vez estacionado el carro, caminamos, entramos a iglesias, visitamos tiendas, tomamos fotos... En fin, todo lo que suele hacerse en esta clase de lugares.
El pueblo era realmente bonito, como podrán apreciar en las fotos (ya saben que pueden verlas en grande si hacen click en ellas, ¿verdad?) y nos regalamos la vista durante muchas horas. Se había conservado la arquitectura de época incluso en la zona comercial.
Observen esta fotografía donde salen Kamus y Carlos en ese paso tan lindo, con plantas y flores. Era un callejón comercial.Visitamos la plaza principal, vimos la catedral (no entramos, ya saben que yo no entro mucho a las iglesias -si hubiera sido varoncito, ¿me habrían llamado Damian?), los caballeros comieron helado de tuna roja (fruto del nopal, si no me equivoco) y de queso (que sabía a queso crema), vi un caballo grandísimo (para los estándares a los que estoy acostumbrada), e intentamos conseguir una medalla de la Virgen de Guadalupe en plata para la mamá de Carlos.
Cuando al final Carlos se animó a entrar a una platería grande (en donde encontró una medalla, aunque muy pequeña) tuve la oportunidad de constatar que la mayoría de los hombres parecen sufrir de una inseguridad patológica ante hacer regalos a sus damas.Kamus daba vueltas y vueltas alrededor de las pulseras. Y daba vueltas y vueltas. Y vueltas y vueltas. Acabé acercándome a preguntarle qué le pasaba y me dijo que quería regalarle una pulsera a Chelis. Pero no se decidía. "Es que es muy difícil saber qué le va a gustar", me dijo. "Mejor la traigo otro día para que ella escoja".
Craso error. Señores, entiendan una cosa. A las mujeres nos encantan los regalos sorpresa. Nos dicen que estaban pensando en nosotras y que tuvieron el valor de arriesgarse a poner en evidencia cuánto nos conocen.Las mujeres preferimos que nos regalen una pulsera que no nos gusta a que nos lleven a elegirla, así, sin sorpresa. Eso no es un regalo. Eso es tomar la vía más cómoda y fácil, y así lo percibimos. Además, la pulsera que un caballero me regale indica, además de cuánto me conoce, qué le gusta a él.
Bien, le dije todo eso a Kamus y traté de ayudarlo a elegir. Claro, yo a Chelis no la conozco, así que al final lo dejé solo con su problema. Dudó bastante más, pero al final fue valiente y eligió una pulsera. Espero de todo corazón que a Chelis le haya gustado.Más tarde, para cuando Kamus sugirió ir a comer, yo desfallecía.
Nos llevó al restaurante de un amigo de él, que tenía tres niveles. Abajo estábamos muy cerca de la calle, y era más una barra que un sitio cómodo para comer. En la terraza, muy linda ella, pegaba mucho sol. En el medio había varias mesas, y... ¡un saloncito con sofás muy cómodos! Mi sueño dorado, no me habían terminado de preguntar dónde me quería sentar, cuando ya estaba cómodamente recostada en uno de los asientos.
Comenzamos con unos deliciosos capuccinos frappé, el mío con cajeta. Una delicia. Carlos, fiel a su aversión al café frío, bebió un refresco.Seguimos con spaguetti al chipotle, que esperaba fuera picante, pero el chile apenas se sentía. Y con arrachera. Claro que tuve que preguntar, en medio de la risa contenida, qué era la arrachera (para los que no conozcan jerga venezolana, nosotros decimos que tenemos tremenda arrechera cuando estamos furiosos). Carlos y yo solemos compartir, por lo que fue mitad de cada plato. El muy gracioso no me avisó que el guacamole tenía chile. ¡Y ése sí picaba! Cómo disfrutó el condenado con la sorpresita.
Luego de comer recuperamos el carro, y volvimos a Querétaro. Kamus nos llevó a una tienda de cómics, en donde Carlos consiguió un pequeño tesoro. Y luego fuimos un rato a su casa, donde yo revisé el correo y tuve que pasar por la prueba de identificar a Kamus en una foto de anuario de hacía unos cuantos años. Y acerté.
Un rato después nos llevó al hotel y nos despedimos. Al día siguiente teníamos una apretada agenda, cuyo destino era ver a Aldebarán de Tauro, otro de los Guardianes que fuimos a visitar. Pero eso se los cuento en la próxima entrada.
domingo, 3 de diciembre de 2006
¡Jápi birdai tu mí!!!
Pues nada, que hoy ha sido mi cumpleaños. Que me la he pasado encerrada en casa por culpa de las elecciones presidenciales que son hoy. Que estoy enferma de nuevo (aunque ya mejorando). Que en un año más ya entro en la segunda mitad de los 30. Pero, por encima de todo, que me siento extremadamente feliz en este día porque estoy rodeada de puro amor.- Gracias a Cuchito, por todo, que sería demasiado largo de enumerar aquí.
- Gracias a Galo por las palabras de ayer, que traigo hoy conmigo.
- Gracias a Matt por felicitarme y por ese regalito que ya tú sabes.
- Gracias a Paula por el poema de Benedetti y por el sentimiento que hay detrás de esa elección.
- Gracias a Aura Marina, a Tomás y a Elisa por llamarme.
- Gracias a Jaime, a Alejandro, a Óscar, a Pablo, a Vlad, a Risingson, a Case, a Naexass y a Antonio por las felicitaciones.
- Gracias a Yu y a Kilior, así como a Farrens y Mirtha por acordarse (y gracias a mi celular por no romperse cuando lo dejé caer al suelo :-P).
- E incluso gracias a Gabriel, sin comentarios.
Sé que es temprano y que esta lista está lejos de estar completa, pero no quería dejar pasar el momento por debajo de la mesa sin decirles a todos que yo también los quiero mucho.
ACTUALIZACIÓN 04/12/06
- Gracias a Nuris y a Abur_chocolat, a Juan, a Alexis y a Marina por sus saludos por chat.
- Gracias a Michapy, a Hugo, a Néstor, a Rolcón, a Seiya, a Guille, a Ric Giorno, a Ro y a Lex por sus correos.
- Gracias a Alde, seguro como un reloj.
- Gracias a Arelys por su precioso regalo (lo estrenaré en cuanto pueda).
- Y gracias a Salva y a Marcel por sus comentarios en mi blog, pasaré por sus respectivas bitácoras en cuanto tenga la oportunidad.
Y ésta es la última actualización que hago, porque me llama el seguir contando del viaje...
- Gracias a Zora y a Viajero, contertulios y colisteros de tradición.
- Gracias a los Caballeros del Santuario Orfeo de Lira, Ikki Fénix, Alberich de Megrez Delta, Esmeralda, Schaka de Virgo, a José Arias y a Eva por saludarme en la lista.
- Gracias a Yadi y Thato, los únicos del viejo REP.
- Gracias a M. C. Carper, una grata sorpresa.
- Y, finalmente, gracias a Germán por su mensaje dejado aquí en el blog.
Y UN PAR DE REZAGADOS
- Gracias a Aida y a Ricardo R. por sus buenos deseos.
XIX Tertulia Caraqueña de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror
Hago un paréntesis en la crónica del viaje para poner las fotos de la tertulia de ciencia ficción que tuvimos cuatro días después de mi llegada a Venezuela. Como ya se viene la próxima tertulia, he preferido poner las fotos y una corta reseña antes de que se me junten las dos.
El 18 de noviembre fue la tradicional tertulia, que contó con los habituales y alguno que otro no tan habitual. Las actividades también fueron las habituales: hablar mucho, comer Ono Roll, trivia de intros de series viejas gracias a la obsesión del Viajero (;-)), y con un par de añadidos interesantes.
Juan Raffo hizo una biblio-donación. Me dio un libro, "El tapiz de Malacia" de Brian Aldiss, para inaugurar con él el Fondo de Lectura de la Tertulia Caraqueña de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror. ¿Qué queremos decir con ello? Que el libro no es de ninguna persona, ni queda estacionado en ninguna biblioteca. El libro está siendo leído en este momento por un contertulio, el cual lo pasará a otro una vez finalizada la lectura, y así deberá continuar pasando el libro de mano en mano, hasta que todos los contertulios lo hayan leído. Y cuando tengamos una nueva visita, le pasaremos el libro para que tenga una buena razón para regresar.
Del resto de la tertulia no tengo mucho que decir porque yo estaba apenas llegando de viaje y era el único tema para el que tenía algo que decir (ya lo han visto en la extensión de mi crónica, ¿no?). Comencé a contar el viaje en un extremo de la mesa, pero cuando dejaron de prestarme atención, me mudé a incordiar a los del otro extremo.
También comenzaron, gracias a Alejandro, los preparativos de la próxima tertulia, que es la decembrina. Se juntaron varias ideas tiradas al aire. Que Santa esté presente, una vez Viajero haya finalizado su transformación. Que hagamos una parrilla para sacarnos el clavo del asado que hicieron los porticanos en noviembre. Y que tengamos un video-chat con los porticanos en la próxima tertulia. Todo eso se ha ido juntando en planes para una parrilla con video-chat en la que el cocinero será Santa. Ideal, ¿no?La mala noticia es que ésta fue la última tertulia en China One, donde nos habían tratado tan bien, por el cierre del local. Hemos estado en discusiones y es harto posible que nos mudemos a un local de comida rápida para enero (porque la tertulia de diciembre será en la casa de uno de los habituales).
Si alguien que está leyendo estas lineas no está en la lista de correo de las tertulias (¡mal hecho!) y desea asistir, que me avise para decirle de cuánto es el aporte y cómo deberá hacerlo efectivo. Ya saben que todos los aficionados al género están cordialmente invitados.
viernes, 1 de diciembre de 2006
México/Panamá 2006 - Día 5 (de 22)
El sábado, ya finalizado el Simposio, fuimos libres de recorrer Querétaro a placer. Y la salida obvia era ir al centro histórico. En el recorrido teatral que ya les he mencionado, nos habían dado unos folletos turísticos que incluían un mapa del centro, así que yo marqué un recorrido posible en él. No pretendía ver todos los puntos turísticos marcados, porque yo no soy de caminar tanto, así que planificamos una ruta más o menos lineal, pero en la pudiéramos ver la mayor cantidad de cosas. Otra posibilidad era tomar un turibús, es decir, un autobús que hacía el recorrido turístico, pero a nosotros no nos gusta andar en manada (ya lo había mencionado, ¿verdad?). Sin contar con que el turibús cuesta dinero y que igual habían tres recorridos posibles. Conclusión: mejor caminar. A continuación vean un plano del centro de Querétaro con el recorrido que hicimos.

Para empezar, tomamos un taxi desde el hotel hasta el Cerro de las Campanas. Este lugar es un parque que está en una colina (por eso se llama Cerro). Como no habíamos desayunado, antes de entrar compramos sendas latas de jugo de tamarindo y unas bolsitas de maní (o, para hablar a lo mexicano, unas botanas). Entonces pagamos nuestro boleto y un par de entradas para el museo, y empezamos a pasear.
Lo primero que se ve en el Cerro de las Campanas es la Capilla de Maximiliano, que pueden ver en la foto. Maximiliano fue emperador de México entre 1864 y 1867, año en que fue fusilado en el Cerro de las Campanas, tal y como nos explicó el guía. Al principio estábamos reticentes a que un guía nos echara el cuento, pero resultó ser un viejecito tan agradable que nos hizo sentir como si nuestro abuelo nos estuviera contando la historia. En el lugar donde fusilaron a Maximiliano construyeron la Capilla.
El Cerro de las Campanas se llama así porque en él se encontraron unas piedras con un alto contenido de hierro (y supongo que otros metales), por lo cual, cuando golpeas una piedra con otra, suena como una campana. Yo creía que eso era muy exagerado, me imaginaba que apenas sonaría metálico... hasta que el guía nos dio un par de piedras tamaño puño y nos dijo que golpéaramos con ellas una roca tamaño familiar. Sonó como una campana. Lo certifico.
Después de la Capilla visitamos el Monumento a Benito Juárez. Observen la foto. La hormiga que aparece abajo soy yo. Ahora estimen el tamaño de la estatua.

Recorrimos el resto del parque, entre fuentes y árboles, todo muy verde y lozano. Hacía fresco, casi frío, y terminamos en el museo.
La verdad es que el museo no fue nada del otro mundo. Su primera tara es que no te dejan entrar con marrales ni con cámaras. Carlos tuvo que dejar al cuidado de una mujer su morral, que había llevado como contenedior de pasaportes y dólares. Una tara. Por supuesto que recorrer un museo con los pasaportes en una mano y un sobre con todos los viáticos en efectivo escondido dentro de la camisa no es precisamente cómodo.


Finalmente salimos del Cerro y empezamos a caminar hacia el centro propiamente dicho. Comenzamos el recorrido atravesando la Plaza de la Bandera. En la foto no se aprecia, pero estaba bastante llena de estudiantes (bueno, de parejas de estudiantes). Supongo que era así porque al lado del Cerro de las Campanas hay una Universidad.
Aquí ya estábamos en zona comercial, por decirlo así, y el hambre apretaba (eran como las once de la mañana y todavía no habíamos comido).
¿Qué hacer? Un puesto ambulante de tacos resultaba muy apetitoso, pero acabamos animándonos a entrar en una taguarita en la que vendían tacos y gorditas. Como yo ya había comido tacos en Venezuela, y no sabía lo que era una gordita, pues la elección del desayuno fue fácil.
Pedimos una gordita de migas. Es decir, un disco de masa de harina de maíz cocinada a la plancha, como de medio centímetro de grosor, que sabía exactamente igual a nuestras arepas hechas en budare. Me sentí como en casa, salvo que... el relleno se lo ponen mientras terminan de cocinarlas y te sirven una gran cantidad de salsa de chile. Las migas no era más que carne molida o algo parecido. Y el picante estaba muuuuuy picante. Fue toda una experiencia comer arepas con chile, ¿saben? Vale la pena probarlo.
Ya con la barriga más tranquila empezamos a caminar en serio. Tan en serio que hasta me quité la chaqueta. Pasamos por la Capilla de San Antonito, el Convento de las Capuchinas, que pueden ver en la foto, la Casa de Manuel de la Peña y la Casa del Marqués, hasta llegar al Teatro de la República. El Convento de las Capuchinas ya no es un convento; según entiendo, ahora es un museo, el Museo de la Restauración. No, no entramos. Ya habíamos tenido bastante con un museo por ese día.
Cuando llegamos al Teatro, que pueden ver en la foto, ya estábamos con ganas de comer de nuevo. La verdad es que habíamos caminado bastante rato y la gordita no había estado tan gordita (perdón por el chiste fácil, pero es verdad: apenas nos comimos una gordita entre los dos). Y yo estaba cansada (¿ya les había dicho que soy muy floja para caminar?).
Así que empezamos a mirar en los restaurantes de la zona, pero se veían demasiado turísticos. No sé si me explico. Un ejemplo. Decía que era un restaurante típico mexicano. Publicidad obviamente dirigida a gente que no es del país. La decoración se veía artificial, como puesta a la fuerza. Y los precios eran altos. Luego de haber desayunado los dos por 10 pesos (casi 1 USD), que nos quisieran cobrar 95 pesos por un plato nos parecía algo desproporcionado. Y no nos queríamos dejar ver la cara de turistas, no señor. Así que no comimos, y nos limitamos a sentarnos en un banco a descansar un buen rato.
Ya estábamos en una zona bien céntrica y con bastantes cosas que ver, como pueden observar en el siguiente plano:

Del Teatro de la República bajamos hacia la Plaza de la Corregidora, en donde se estaba desarrollando un espectáculo cultural. Un grupo de danza folclórica estaba representando un baile tradicional chichimeca en la Plaza. No dejó de llamarme la atención el que estuvieran bailando ante un altar cristiano, como muestra de la mezcla de tradiciones posterior a la Conquista.
De esta danza tomé varias fotos, pero ninguna quedó realmente bien (había demasiada gente mirando, atravesada por todas partes). En todo caso, noten la gran variedad de atuendos de los bailarines. Me llamaron la atención las maracas que tenían atadas a los tobillos, que están hechas con unas cascaritas que contienen una semillas. Me llamaron la atención porque en Chile yo había comprado una maraca idéntica, pero sujeta a una varita, y pensé en su momento que era algo típico de la zona. En fin.
Después de mirar la danza nos dimos una vuelta por la plaza, buscando nuevamente un sitio para comer. Pero, igual que antes, los restaurantes se veían demasiado exclusivos. Y ese día yo buscaba otra cosa.
Salimos de la plaza y caminamos por un paseo peatonal que estaba lleno de tiendas, al estilo de lo que alguna vez fue Sabana Grande, hace mucho tiempo.
En un local compramos un frasco de cajeta de nuez. La cajeta es un dulce de leche hecho con leche de cabra (o al menos toda la que vi en este viaje, y fue bastante, era de leche de cabra). Al principio yo creí que no iba a ser muy diferente a nuestro arequipe, por lo que me interesó solamente que esa cajeta era de sabores. Había envinada, quemada, de café, de varias frutas... Pensé que nos resolvería para desayunar, si luego comprábamos galletas o panes, y no me equivoqué. De paso, era una cajeta artesanal y debo decir que estaba realmente espectacular. Y no se parece a nuestro arequipe. Sabe diferente y tiene la textura de la leche condensada. Me encantó.
En esa misma calle vi un restaurante. Desde afuera se veían varias personas comiendo allí. Y se veían como habituales, como mexicanos, y tenían aspecto de estar pasándola muy bien. Así que entramos a comer. Par de tacos de tinga de pollo (los tacos no llevan picante, al menos nunca encontramos tacos picantes; el picante se lo pones tú a gusto) y unas enchiladas queretanas, que pueden ver en la foto. ¿A que se ven apetitosas? Eran unas enchiladas de pollo cubiertas de papas y zanahorias en cubitos, salteadas, con crema de leche y queso rallado encima. Unas rodajas de jalapeño encima, puré de frijoles y ensalada mixta. 
Kamus no estaba en casa todavía. Así que seguimos nuestro recorrido. Regresamos a la Plaza de la Corregidora y seguimos hacia el Jardín Zenea, una plaza bastante grande. Allí vi mi primera glorieta del viaje, la primera de muchas.


Seguimos caminando y pasamos frente a la Fuente del Marqués, también conocida como "fuente de los perros" porque en ella hay cuatro perros de cuyas bocas cae el agua. Luego pasamos frente a la Casa de la Zacatecana, otro museo que funciona en lo que fue una casa de alcurnia. Se dice que allí vivió una mujer de Zacatecas que mandó a matar a su marido, y luego mató al asesino.


Allí pasamos frente al Panteón de los Queretanos Ilustres, como ven en la foto, y paramos un rato en el mirador de enfrente, para regalarnos la vista con el Acueducto.
El Acueducto fue construido en 1735 por obra del benefactor de la ciudad, don Juan Antonio de Urrutia y Arana, para surtir de agua la ciudad. El Acueducto es el símbolo de Querétaro, y es impresionante.

La pura verdad es que ya estábamos cansados (sí, Carlos también) y que ya era el final de la tarde y todavía no habíamos podido hablar con Kamus.
Una vez en el hotel, sin zapatos y acostados cómodamente en la cama, logramos hablar con Kamus, quien le dijo a Carlos que se bañaba y pasaba por nosotros al hotel. Aaaaaah, un rato más para descansar los pies.
Finalmente llegó Kamus a buscarnos. ¡Qué emoción! Carlos ya lo había visto en dos ocasiones, pero para mí era la primera vez. Y en la recepción del hotel se llevó a cabo un encuentro histórico: Kamus de Acuario, June de Camaleón y el Dragón Negro, un Caballero Dorado, un Caballero de Bronce y un Caballero Negro. Obviamente, con mucha timidez de por medio (¿tampoco les he contado que cuando no conozco a alguien soy muuuuy tímida? ¿no? ¿cómo que no me creen? ¡palabra de honor! ¡pregúntenle a Kamus!).
Kamus nos llevó a comer churros, que al final no comimos porque había que hacer mucha cola. Y nos paseó por una zona de artesanías. Recuerdo que me llamó la atención en una Plaza (¿sería en la Plaza de Armas?) un grupo de gente cantando canciones viejas, y al verlos noté que eran igualitos a las tunas españolas.
En lo que se hizo la hora, pasamos a casa de Chelis para buscarla. ¿La meta? ¡Tacos! Fuimos a cenar tacos los cuatro y nos "jartamos", que todo hay que decirlo. Ya no recuerdo de qué pedimos los tacos. A ver. Habían tacos al pastor, que llevan carne asada con piña. Habían tacos de chicharrón (y sí que estaban buenos, caramba). Habían tacos de rajas con queso (y antes de que los venezolanos se ahoguen de la risa, les informo que en México llaman rajas a las tiras de chile). Habían tacos de chorizo con papas. Y no sé de qué más. Y, por supuesto, habían varias salsas de chiles diferentes, y las probé todas.
Luego de la cena, Kamus y Chelis nos llevaron al hotel y quedamos en vernos a la mañana siguiente para ir a San Miguel de Allende (las otras opciones eran Tequisquiapán, que ya Carlos conoce, Guanajuato, donde hay momias, y la Peña de Bernal, donde había que trepar -y yo no estaba de ganas de trepar).

Para empezar, tomamos un taxi desde el hotel hasta el Cerro de las Campanas. Este lugar es un parque que está en una colina (por eso se llama Cerro). Como no habíamos desayunado, antes de entrar compramos sendas latas de jugo de tamarindo y unas bolsitas de maní (o, para hablar a lo mexicano, unas botanas). Entonces pagamos nuestro boleto y un par de entradas para el museo, y empezamos a pasear.
Lo primero que se ve en el Cerro de las Campanas es la Capilla de Maximiliano, que pueden ver en la foto. Maximiliano fue emperador de México entre 1864 y 1867, año en que fue fusilado en el Cerro de las Campanas, tal y como nos explicó el guía. Al principio estábamos reticentes a que un guía nos echara el cuento, pero resultó ser un viejecito tan agradable que nos hizo sentir como si nuestro abuelo nos estuviera contando la historia. En el lugar donde fusilaron a Maximiliano construyeron la Capilla.El Cerro de las Campanas se llama así porque en él se encontraron unas piedras con un alto contenido de hierro (y supongo que otros metales), por lo cual, cuando golpeas una piedra con otra, suena como una campana. Yo creía que eso era muy exagerado, me imaginaba que apenas sonaría metálico... hasta que el guía nos dio un par de piedras tamaño puño y nos dijo que golpéaramos con ellas una roca tamaño familiar. Sonó como una campana. Lo certifico.
Después de la Capilla visitamos el Monumento a Benito Juárez. Observen la foto. La hormiga que aparece abajo soy yo. Ahora estimen el tamaño de la estatua.

Recorrimos el resto del parque, entre fuentes y árboles, todo muy verde y lozano. Hacía fresco, casi frío, y terminamos en el museo.La verdad es que el museo no fue nada del otro mundo. Su primera tara es que no te dejan entrar con marrales ni con cámaras. Carlos tuvo que dejar al cuidado de una mujer su morral, que había llevado como contenedior de pasaportes y dólares. Una tara. Por supuesto que recorrer un museo con los pasaportes en una mano y un sobre con todos los viáticos en efectivo escondido dentro de la camisa no es precisamente cómodo.

Y de paso, el museo es, primero, un museo de historia (qué aburrido) y, segundo, un museo infantil. Total, que perdimos el dinero (no fue mucho) y el tiempo (ése sí fue considerable).
En esta imagen tomada con el Google Earth pueden ver el Cerro de las Campanas desde arriba:

Finalmente salimos del Cerro y empezamos a caminar hacia el centro propiamente dicho. Comenzamos el recorrido atravesando la Plaza de la Bandera. En la foto no se aprecia, pero estaba bastante llena de estudiantes (bueno, de parejas de estudiantes). Supongo que era así porque al lado del Cerro de las Campanas hay una Universidad.Aquí ya estábamos en zona comercial, por decirlo así, y el hambre apretaba (eran como las once de la mañana y todavía no habíamos comido).
¿Qué hacer? Un puesto ambulante de tacos resultaba muy apetitoso, pero acabamos animándonos a entrar en una taguarita en la que vendían tacos y gorditas. Como yo ya había comido tacos en Venezuela, y no sabía lo que era una gordita, pues la elección del desayuno fue fácil.Pedimos una gordita de migas. Es decir, un disco de masa de harina de maíz cocinada a la plancha, como de medio centímetro de grosor, que sabía exactamente igual a nuestras arepas hechas en budare. Me sentí como en casa, salvo que... el relleno se lo ponen mientras terminan de cocinarlas y te sirven una gran cantidad de salsa de chile. Las migas no era más que carne molida o algo parecido. Y el picante estaba muuuuuy picante. Fue toda una experiencia comer arepas con chile, ¿saben? Vale la pena probarlo.
Ya con la barriga más tranquila empezamos a caminar en serio. Tan en serio que hasta me quité la chaqueta. Pasamos por la Capilla de San Antonito, el Convento de las Capuchinas, que pueden ver en la foto, la Casa de Manuel de la Peña y la Casa del Marqués, hasta llegar al Teatro de la República. El Convento de las Capuchinas ya no es un convento; según entiendo, ahora es un museo, el Museo de la Restauración. No, no entramos. Ya habíamos tenido bastante con un museo por ese día.Cuando llegamos al Teatro, que pueden ver en la foto, ya estábamos con ganas de comer de nuevo. La verdad es que habíamos caminado bastante rato y la gordita no había estado tan gordita (perdón por el chiste fácil, pero es verdad: apenas nos comimos una gordita entre los dos). Y yo estaba cansada (¿ya les había dicho que soy muy floja para caminar?).
Así que empezamos a mirar en los restaurantes de la zona, pero se veían demasiado turísticos. No sé si me explico. Un ejemplo. Decía que era un restaurante típico mexicano. Publicidad obviamente dirigida a gente que no es del país. La decoración se veía artificial, como puesta a la fuerza. Y los precios eran altos. Luego de haber desayunado los dos por 10 pesos (casi 1 USD), que nos quisieran cobrar 95 pesos por un plato nos parecía algo desproporcionado. Y no nos queríamos dejar ver la cara de turistas, no señor. Así que no comimos, y nos limitamos a sentarnos en un banco a descansar un buen rato.Ya estábamos en una zona bien céntrica y con bastantes cosas que ver, como pueden observar en el siguiente plano:

Del Teatro de la República bajamos hacia la Plaza de la Corregidora, en donde se estaba desarrollando un espectáculo cultural. Un grupo de danza folclórica estaba representando un baile tradicional chichimeca en la Plaza. No dejó de llamarme la atención el que estuvieran bailando ante un altar cristiano, como muestra de la mezcla de tradiciones posterior a la Conquista.De esta danza tomé varias fotos, pero ninguna quedó realmente bien (había demasiada gente mirando, atravesada por todas partes). En todo caso, noten la gran variedad de atuendos de los bailarines. Me llamaron la atención las maracas que tenían atadas a los tobillos, que están hechas con unas cascaritas que contienen una semillas. Me llamaron la atención porque en Chile yo había comprado una maraca idéntica, pero sujeta a una varita, y pensé en su momento que era algo típico de la zona. En fin.
Después de mirar la danza nos dimos una vuelta por la plaza, buscando nuevamente un sitio para comer. Pero, igual que antes, los restaurantes se veían demasiado exclusivos. Y ese día yo buscaba otra cosa.Salimos de la plaza y caminamos por un paseo peatonal que estaba lleno de tiendas, al estilo de lo que alguna vez fue Sabana Grande, hace mucho tiempo.
En un local compramos un frasco de cajeta de nuez. La cajeta es un dulce de leche hecho con leche de cabra (o al menos toda la que vi en este viaje, y fue bastante, era de leche de cabra). Al principio yo creí que no iba a ser muy diferente a nuestro arequipe, por lo que me interesó solamente que esa cajeta era de sabores. Había envinada, quemada, de café, de varias frutas... Pensé que nos resolvería para desayunar, si luego comprábamos galletas o panes, y no me equivoqué. De paso, era una cajeta artesanal y debo decir que estaba realmente espectacular. Y no se parece a nuestro arequipe. Sabe diferente y tiene la textura de la leche condensada. Me encantó.
En esa misma calle vi un restaurante. Desde afuera se veían varias personas comiendo allí. Y se veían como habituales, como mexicanos, y tenían aspecto de estar pasándola muy bien. Así que entramos a comer. Par de tacos de tinga de pollo (los tacos no llevan picante, al menos nunca encontramos tacos picantes; el picante se lo pones tú a gusto) y unas enchiladas queretanas, que pueden ver en la foto. ¿A que se ven apetitosas? Eran unas enchiladas de pollo cubiertas de papas y zanahorias en cubitos, salteadas, con crema de leche y queso rallado encima. Unas rodajas de jalapeño encima, puré de frijoles y ensalada mixta. 
Estaban espectaculares, debo decir. Y entre el jalapeño, que es un chile relativamente poco picante (igual que los que se pueden comer en Subway, ni más ni menos), había una rebanada de un chile similar, pero rojizo, que sí estaba picaaaaante. Pero igual me lo comí ;-)
El restaurante estaba ya adornado para el Día de Muertos, que se celebraría posteriormente, el 2 de noviembre. Ya les hablaré sobre esa costumbre. Por el momento baste decir que todos los locales estaban adornados con papel picado con motivos de muertos, como pueden ver en la foto. Claro, en la foto no se ven los motivos del papel picado, sólo se ven los papeles colgados del techo, pero les cuento que había esqueletos en todos ellos.
Luego de comer y descansar bastante, seguimos camino. Compramos una tarjeta telefónica para llamar a Kamus y buscamos un teléfono. Mientras Carlos hacía la llamada, yo me dediqué a tomar algunas fotos más, como la del Templo de la Congregación de Guadalupe que tienen aquí.
El restaurante estaba ya adornado para el Día de Muertos, que se celebraría posteriormente, el 2 de noviembre. Ya les hablaré sobre esa costumbre. Por el momento baste decir que todos los locales estaban adornados con papel picado con motivos de muertos, como pueden ver en la foto. Claro, en la foto no se ven los motivos del papel picado, sólo se ven los papeles colgados del techo, pero les cuento que había esqueletos en todos ellos.
Luego de comer y descansar bastante, seguimos camino. Compramos una tarjeta telefónica para llamar a Kamus y buscamos un teléfono. Mientras Carlos hacía la llamada, yo me dediqué a tomar algunas fotos más, como la del Templo de la Congregación de Guadalupe que tienen aquí.Kamus no estaba en casa todavía. Así que seguimos nuestro recorrido. Regresamos a la Plaza de la Corregidora y seguimos hacia el Jardín Zenea, una plaza bastante grande. Allí vi mi primera glorieta del viaje, la primera de muchas.

En México, toda plaza importante tiene una glorieta en la que se presentan a veces músicos del lugar. Pueden ver en la plaza que el Querétaro de hoy tiene algo que en Caracas hemos perdido: el paseo familiar del sábado por la tarde por una plaza llena de árboles (sooospiro).
Frente al Jardín Zenea está el Templo de San Francisco, bien bonito, y camino hacia la Plaza de Armas nos encontramos una fuente que tenía una representación del danzante chichimeca. Habiendo visto la danza recién, no pude evitar tomarme una foto allí.
Frente al Jardín Zenea está el Templo de San Francisco, bien bonito, y camino hacia la Plaza de Armas nos encontramos una fuente que tenía una representación del danzante chichimeca. Habiendo visto la danza recién, no pude evitar tomarme una foto allí.

Seguimos caminando y pasamos frente a la Fuente del Marqués, también conocida como "fuente de los perros" porque en ella hay cuatro perros de cuyas bocas cae el agua. Luego pasamos frente a la Casa de la Zacatecana, otro museo que funciona en lo que fue una casa de alcurnia. Se dice que allí vivió una mujer de Zacatecas que mandó a matar a su marido, y luego mató al asesino.

Dicen que los cadáveres están enterrados allí mismo, y por supuesto se cuentan docenas de historias de espantos y aparecidos en el lugar. No, tampoco entramos. ¿Les conté que ya estaba cansada?
Seguimos caminando hasta el Templo de la Merced y el Monumento a Santiago Apóstol. Vean en el siguiente plano una imagen del lugar:

Sobre Santiago Apóstol tengo una historia que contar. Se dice que la conquista de la zona de Querétaro no fue fácil para los españoles. Cuentan que los indios del lugar se resistieron mucho, al punto que ambos bandos estaban en tablas. Decidieron que la mejor manera de establecer cuál era el bando ganador sería a través de una batalla, sin arma alguna y sin armaduras. Pero ambos bandos estaban parejos y la batalla se prolongó demasiado.
Los españoles rezaron a Dios, y la imagen de Santiago Apóstol apareció en el cielo. Los indios, atemorizados, se postraron ante la imagen, y los españoles ganaron la batalla. Al fundar su ciudad la llamaron, por supuesto, Santiago de Querétaro. Esto lo aprendimos en el museo del Cerro de las Campanas. Tal vez no perdimos todo el dinero ni todo el tiempo, después de todo.
Un poco más adelante se encuentra un lugar especial, el Templo de la Cruz. Se cuenta que un fraile clavó su bastón de peregrino en el suelo, y que éste retoñó. Y se convirtió en un árbol que, en vez de flores, da espinas con la forma de la cruz de Cristo. Alrededor de ese árbol, dicen, se construyó este Templo.
En sus alrededores venden cantidad de espinas y puedo dar fe de que tienen la geometría de la cruz. Más aún, algunas espinas desarrollan unos pinchitos en donde deberían estar las muñecas y los tobillos de Cristo (yo las vi, palabra, las vi). Esas espinas se consideran sagradas.
Al Templo no llegamos a entrar porque se estaba realizando un matrimonio y no era buen momento.

Sobre Santiago Apóstol tengo una historia que contar. Se dice que la conquista de la zona de Querétaro no fue fácil para los españoles. Cuentan que los indios del lugar se resistieron mucho, al punto que ambos bandos estaban en tablas. Decidieron que la mejor manera de establecer cuál era el bando ganador sería a través de una batalla, sin arma alguna y sin armaduras. Pero ambos bandos estaban parejos y la batalla se prolongó demasiado.
Los españoles rezaron a Dios, y la imagen de Santiago Apóstol apareció en el cielo. Los indios, atemorizados, se postraron ante la imagen, y los españoles ganaron la batalla. Al fundar su ciudad la llamaron, por supuesto, Santiago de Querétaro. Esto lo aprendimos en el museo del Cerro de las Campanas. Tal vez no perdimos todo el dinero ni todo el tiempo, después de todo.
Un poco más adelante se encuentra un lugar especial, el Templo de la Cruz. Se cuenta que un fraile clavó su bastón de peregrino en el suelo, y que éste retoñó. Y se convirtió en un árbol que, en vez de flores, da espinas con la forma de la cruz de Cristo. Alrededor de ese árbol, dicen, se construyó este Templo.En sus alrededores venden cantidad de espinas y puedo dar fe de que tienen la geometría de la cruz. Más aún, algunas espinas desarrollan unos pinchitos en donde deberían estar las muñecas y los tobillos de Cristo (yo las vi, palabra, las vi). Esas espinas se consideran sagradas.
Al Templo no llegamos a entrar porque se estaba realizando un matrimonio y no era buen momento.
Un poco más adelante se terminaba el centro:

Allí pasamos frente al Panteón de los Queretanos Ilustres, como ven en la foto, y paramos un rato en el mirador de enfrente, para regalarnos la vista con el Acueducto.El Acueducto fue construido en 1735 por obra del benefactor de la ciudad, don Juan Antonio de Urrutia y Arana, para surtir de agua la ciudad. El Acueducto es el símbolo de Querétaro, y es impresionante.

Tiene 74 arcos y una longitud de 1 280 metros. No es que yo tuviera intenciones de recorrerlo. Apenas unas fotos, unos cuantos arcos, unas compras de pastelitos dulces, galletas y botanas para tener en el hotel, y a buscar un taxi.
La pura verdad es que ya estábamos cansados (sí, Carlos también) y que ya era el final de la tarde y todavía no habíamos podido hablar con Kamus.
Una vez en el hotel, sin zapatos y acostados cómodamente en la cama, logramos hablar con Kamus, quien le dijo a Carlos que se bañaba y pasaba por nosotros al hotel. Aaaaaah, un rato más para descansar los pies.Finalmente llegó Kamus a buscarnos. ¡Qué emoción! Carlos ya lo había visto en dos ocasiones, pero para mí era la primera vez. Y en la recepción del hotel se llevó a cabo un encuentro histórico: Kamus de Acuario, June de Camaleón y el Dragón Negro, un Caballero Dorado, un Caballero de Bronce y un Caballero Negro. Obviamente, con mucha timidez de por medio (¿tampoco les he contado que cuando no conozco a alguien soy muuuuy tímida? ¿no? ¿cómo que no me creen? ¡palabra de honor! ¡pregúntenle a Kamus!).
Kamus nos llevó a comer churros, que al final no comimos porque había que hacer mucha cola. Y nos paseó por una zona de artesanías. Recuerdo que me llamó la atención en una Plaza (¿sería en la Plaza de Armas?) un grupo de gente cantando canciones viejas, y al verlos noté que eran igualitos a las tunas españolas.
En lo que se hizo la hora, pasamos a casa de Chelis para buscarla. ¿La meta? ¡Tacos! Fuimos a cenar tacos los cuatro y nos "jartamos", que todo hay que decirlo. Ya no recuerdo de qué pedimos los tacos. A ver. Habían tacos al pastor, que llevan carne asada con piña. Habían tacos de chicharrón (y sí que estaban buenos, caramba). Habían tacos de rajas con queso (y antes de que los venezolanos se ahoguen de la risa, les informo que en México llaman rajas a las tiras de chile). Habían tacos de chorizo con papas. Y no sé de qué más. Y, por supuesto, habían varias salsas de chiles diferentes, y las probé todas.Luego de la cena, Kamus y Chelis nos llevaron al hotel y quedamos en vernos a la mañana siguiente para ir a San Miguel de Allende (las otras opciones eran Tequisquiapán, que ya Carlos conoce, Guanajuato, donde hay momias, y la Peña de Bernal, donde había que trepar -y yo no estaba de ganas de trepar).
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