El Diablo apostó con Dios a que sería capaz de extinguir la vida de una ciudad que Él eligiera. La selección acabó en Caracas, suficientemente superpoblada como para que fuera un verdadero reto para Satán.
El Diablo eliminó el instinto de supervivencia de la gente. Así, los peatones cruzaban las calles sin mirar, los motorizados se lanzaban contra los carros, la gente se bajaba de los autobuses en medio de las autopistas, los carros se salían de sus canales sin ver...
Pero Dios tenía un As bajo la manga: dotó a los caraqueños de una suerte inverosímil.
A estas alturas todavía no se sabe quién va a ganar la apuesta, pero Dios parece ir ganando, aunque parezca mentira.





Si, tiene que haber alguna explicación de tipo mágico-religiosa para esta situación, aunque más allá de Dios y Satán apuntaría a algún juego del demente Azathoth
Pues si Azathoth está metido en eso, la suerte inverosímil debe ser obra de Nyalathotep. Es su clase de humor negro. :-)