Un libro de cuentos
"A ti que esta noche irás a sentarte a la mesa de los tuyos, rodeado de tus hijos, sanos y gordos, al lado de tu mujer que se siente feliz de tenerte en casa para la cena de Navidad; a ti que tendrás a las doce de esta noche un puesto en el banquete familiar, y un pedazo de pastel y una hallaca y una copa de excelente vino y una taza de café y un excelente "Hoyo de Monterrey", regalo especial de tu excelente vicio; a ti que eres relativamente feliz durante esta velada, bien instalado en el almacén y en la vida, te dedico este cuento de Navidad, este cuento feo e insignificante, de Panchito Mandefúa, granuja billetero, nacido de cualquiera con cualquiera en plena alcabala, chiquillo astroso a quien el Niño Dios invitó a cenar."
--José Rafael Pocaterra, en "Cuentos grotescos"
(inicio de "De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús")
Tuve que comprarlo cuando estaba en primaria porque teníamos que leer un cuento. Nos mandaron a comprar un libro para leer un solo cuento. Para muchos de mis compañeros, tal vez todos, eso fue un desperdicio. Para mí no. Yo leí el cuento que era obligatorio, muy triste por cierto, incluso a la tierna edad de 7 años me arrancó unas lágrimas. Pero luego seguí leyendo. Todos los cuentos hacen honor al nombre del libro entero. Hablo ni más ni menos que de "Cuentos grotescos" de José Rafael Pocaterra.
Pocaterra fue un escritor venezolano nacido en 1889 y comenzó a publicar sus cuentos grotescos en 1915. De ese libro recuerdo tres cuentos que marcaron mi memoria a fuego. Es un libro que leí, hago énfasis en esto, a los 7 años, hace 31 años (hagan cuentas) y luego lo perdí (en alguna mudanza de casa, o lo habré prestado o regalado o roto, quién sabe). Así que jamás los he vuelto a leer. Salvo el primero, aquel primero que me hizo llorar y que una vez publiqué me parece que en Facebook. Y sin embargo, los recuerdo.
Hablaré de los tres cuentos que habitan en mí, y hablaré de ellos desde mi memoria. Tal vez no sean los cuentos originales, pero sí son los clones que viven en mis recuerdos.
"De cómo Panchito Mandefuá cenó con el Niño Jesús" nos cuenta la historia de un niño de la calle, que no tiene nombre porque no ha tenido familia nunca en su vida. A falta de nombre le llaman Panchito y de apellido Mandefuá porque su frase de batalla es "archipetaquiremandefuá". Panchito sobrevive vendiendo periódicos o limpiando zapatos (algo así, de ese detalle no me acuerdo). Es Nochebuena. Mientras los niños ricos se preparan para cenar hallacas y pan de jamón con sus familias, a dormir temprano y a esperar a que el Niño Jesús les traiga sus regalos de Navidad, Panchito trabaja. Al caer la noche ha reunido suficiente dinero como para comprar unos cigarrillos y una hallaca para cenar, y está feliz porque va a tener su cena de Nochebuena. Compra los cigarrillos y, cuando va en busca de su hallaca, encuentra a una niña llorando frente a una bandeja de dulces que están regados en el suelo. Es sirvienta en una casa de ricos, la han enviado a comprar los dulces de la cena, se le han caído y sabe que la van a moler a palos cuando regrese. Panchito, no sabe por qué, gasta su dinero en comprar otra bandeja de dulces para que no le peguen. La acompaña a la casa donde sirve y se despide de ella con dos besos. Luego se va, dándose cabal cuenta de que ahora no tiene dinero para comer. Empieza a fumar y cruza una calle distraído. Un carro viene a toda velocidad y lo atropella (y escribo esto y ya estoy llorando). Así fue como Panchito cenó esa noche con el Niño Jesús.
"La i latina" cuenta la historia de una maestra de una escuela rural, como es vista por uno de los niños. No hay tal cosa como una escuela, los niños ven clases en la casa de la maestra. Ella es flaca, parece una i latina. Tiene un hermano borracho. No recuerdo el resto del cuento, algo sucede, no sé si ella se va del pueblo o es que se muere. Pero recuerdo una escena fuerte en la que el hermano llega borracho a la casa, irrumpe en la clase, ella trata de calmarlo y él la golpea y la empuja al suelo hiriéndole la cabeza, todo eso delante de los niños. A los 8 años tuvimos que hacer una obra de teatro, por nuestra cuenta. La mayoría de los niños y niñas del salón se juntaron para representar a Anita la huerfanita. Yo quedé por fuera (eso era usual) y unos pocos, muy pocos más. Con ellos montamos "La i latina" y yo hice de la maestra. Nunca me ha gustado actuar, y en esa ocasión no lo disfruté, pero recuerdo haberme esforzado en hacer que la caída fuera convincente. No tengo idea de si lo logré.
"Los come-muertos" trata de una familia muy, muy pobre, que vive en un rancho construido en el cementerio. Por eso los niños del pueblo los llaman los come-muertos, porque según ellos eso es lo que comían. Un día los amigos del protagonista deciden ir al cementerio a lanzarle piedras a los come-muertos. En algún momento, el niño se encuentra cara a cara con la hija menor de la familia, una niña pequeña llamada Mafalda (nombre de princesa, piensa el niño), que tiene la frente abierta de una pedrada. Él levanta la piedra para lanzarla, pero algo en la mirada de la niña lo hace bajarla. En vez de apedrearla, se sobrepone al animalismo de la pandilla, y la esconde (se esconden los dos, porque el furor es tan grande que bien lo podían apedrear a él también). En mi mente puedo ver a la niña, reflejando el miedo en la mirada, la sangre cubriendo su rostro, frente a ese pequeño energúmeno con una piedra en alto, dispuesto a comportarse. Y al niño, recuperando en un instante su humanidad.
Hace pocos meses, cuando estuvo Yoss en Caracas, fui a una librería de libros usados y conseguí el libro. Lo compré para volver a leerlo; también le regalé uno a Yoss. Es un libro que le haría leer a cualquiera. Pero no, definitivamente, a un niño de 7 años. (¿En qué demonios estaría pensando la maestra?)

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