Siempre pensé que era un desperdicio escribir un diario que luego había que estar escondiendo todo el tiempo. Por eso este diario íntimo también es público.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Ciencia ficción en la Feria del Libro de Guayaquil 2011
Fernando (trabajando)
Hace varios años asistí al II Encuentro de Literatura Fantástica de la Feria Internacional del Libro de Venezuela como público, para presenciar un panel en el que varios autores presentaron diversas ponencias (diversas en cuanto a temática, interés y calidad), incluyendo a Jorge De Abreu y a Jorge Gómez Jiménez entre otros. Finalizando el evento, un señor escritor ecuatoriano que había leído un fragmento de novela graciosísimo se me acercó preguntándome si yo era "la" Susana Sussmann. Cuál no sería mi sorpresa al enterarme que este señor no sólo sabía quién era yo y había leído mis cuentos en Internet, sino que además decía ser mi admirador y haber estado durante muchos días preguntando a todo el mundo cómo hacer para localizarme (cosa que, por supuesto, en aquellos días nadie sabía). Y me regaló su libro, dedicado por supuesto. Este señor, llamado Fernando Naranjo Espinoza, guayaco, resultó ser, no sólo estupendo de leer, sino además un excelente amigo y una persona valiosísima.
Pues hace unos meses Fernando me escribió preguntándome si aceptaría asistir a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, en su segunda edición, para participar en el Encuentro Internacional de Ciencia Ficción, Serie Negra, Cómic y Textos en Redes. ¡Como si yo fuera a decir que no! Luego supe que había invitado también a Néstor Darío Figueiras, de Argentina, y a Bernardo Fernández BEF, de México. BEF, al final, no puso asistir, pero Néstor y yo sí fuimos.
Aquí está la crónica. Perdón por lo larga, pero me pasaron más cosas de las que humanamente uno podría soportar en dos días.
Mi credencial
El miércoles 19 fue de corre y corre comprando los obsequios, empacando, arreglando todo, haciendo todo lo de última hora, y dejando que Tanis vomitara sobre mí cuando por la tarde lo llevamos a ver a la pediatra (lo ha agarrado de sopa, ya es la segunda vez que me lo hace). El jueves 20 me levanté corriendo a lavar y secar la ropa de Tanis para que no se quedara sin baberos ni pijamas en mi ausencia (bastante trabajo iba a tener Carlos ocupándose él solito sin ayuda, porque llamar a Tanis con el apelativo de tanimoto es quedarse corto). Empacar lo que me faltaba. Cargar la batería del celular. Salir corriendo a ver a Fedosy Santaella para que me firmara un libro que iba a enviar a Buenos Aires con Néstor. Y luego tomar todo y partir rumbo al aeropuerto a tomar un almuerzo tardío y pasar a la zona de embarque. Mi vuelo era por COPA y Carlos tuvo la genial idea de que revisara la página web de la aerolínea la noche anterior. Eso me permitió hacer Web Check In y ahorrarme todas las colas. Entre eso y que no facturé equipaje (hubiera sido una tontería hacer eso dado que llevaba ropa para dos días nada más), fue llegar, mostrar el pase, que me pegaran el sello de la tasa aeroportuaria y estaba lista, saltándome la cola que estaba larguísima como es usual. Me despedí de mi amorcito con el corazón en un puño, y pasé a embarcar previa revisión de equipaje de mano con rayos X y previo trámite de descalzarme aunque llevaba unas sandalias mínimas. Les informo que ahora hay WiFi gratis para los pasajeros mostrando el pase de abordar y el pasaporte, pero mi teléfono nunca la vio. El vuelo salió en hora, nos dieron una cena fría (sandwich de jamón y queso frío de nevera, por eso dije cena fría) y llegué a mi escala en Bogotá sin mayores novedades. Las novedades empezaron a la hora de embarcar en Bogotá, porque me quitaron la botella de Amargo de Angostura que llevaba para regalarle a Lex. Es que es líquido, tú sabes, qué importa que esté cerrada y con el sello de impuestos en su lugar. Claro que si la hubiera comprado en el Duty Free (si es que en el Duty Free se consiguiera, que no es el caso) otro gallo cantaría. Mi teoría es que si la encargada no hubiera sido mujer, no me la hubieron quitado. Pero es que las mujeres son odiosas, demonios, no atienden a razones y abusan de su poder. O, para no generalizar, todas las mujeres que me he encontrado en los aeropuertos y especialmente las que son militares ejercen su poder como si se les fuera la vida en ello.
Una nota bogotana
He pasado cuatro veces por el aeropuerto de Bogotá, dos de ellas para quedarme en la ciudad. Los bogotanos son adorables y tengo muy buenos recuerdos de mis dos estancias allá. Pero los funcionarios del aeropuerto podrían, por mí, irse toditos al infierno. De cuatro veces, cuatro veces he salido furiosa. Y tres veces me han retenido cosas.
La primera fue totalmente mi error, olvidé sacar la navaja del bolso. Una navaja que me había regalado Carlos, así que de paso tiene valor sentimental. Tuve que pelear mucho para que me dieran permiso de volver y facturar equipaje adicional para incluir la navaja. Luego tuve que pelear mucho para que la chica de afuera me dejara facturar algo adicional porque ya era muy tarde. Lo interesante del caso es que esa navaja había viajado desde Caracas hasta Bogotá en mi bolso y nadie se había dado cuenta.
La segunda vez fueron tres frascos de cajeta mexicana (un dulce de leche riquísimo), que viajaron conmigo desde México DF hasta Bogotá y allí quisieron quitármelos. Logré facturarlos también a duras penas y tuve suerte deque no se rompieron.
La tercera vez fue ésta y no hubo posibilidad de facturar nada, así que la perdí. Ojalá se envenene el que se lo tome.
Así que lamentándolo mucho por mis amigos colombianos, pero me veo obligada a hacer esta declaración de principios: NO VUELVO A BOGOTÁ NI PARA HACER ESCALAS.
Primer encuentro de Forjadores Caracas-Buenos Aires en Guayaquil
Volviendo al tema de interés, el vuelo de Bogotá a Guayaquil fue una sedita. Salió a la hora, la cena no estaba fría (esta vez, sandwich de pollo con cebolla salteada y aún estaba tibio) y hasta estaba medio vacío el avión. Y así llegué a Guayaquil casi a la medianoche. Una vez en mi habitación de hotel no pude aguantarme a llamar a Néstor, que llegaba temprano. Nos vimos en la recepción del hotel y nos quedamos reconociéndonos hasta las 3 de la mañana.
Un comentario sobre el tema de las relaciones a distancia
Dicen que Internet es fría. Que las relaciones virtuales son de mentira. Que no se puede forjar una amistad o un amor a distancia. Mentira. Yo lo sé desde hace mucho, y Néstor lo descubrió allí. Tras casi 7 años de amistad a través de Internet, nos vimos y fue como si hubiéramos estado juntos toda la vida. Así que nos dedicamos durante horas a compartir memorias y a saborear la novedad de vernos las caras y escuchar nuestras voces. Fue lindo el primer abrazo.
Entrada de la Universidad Casa Grande donde disertamos
Nos fuimos a dormir, ya que Fernando nos venía a buscar a las 8 de la mañana. Dormí (muy mal) tres horas, me bañé, me vestí, me arreglé mucho, y bajé a desayunar con Néstor. (Todo fue con Néstor, excepto ir al baño y dormir por la noche.) Al final Fernando llegó a las 9, pero eso es otra cosa. Nos llevó a la Universidad Casa Grande, una universidad privada que se especializa en publicidad y comunicaciones. Allí nos esperaban más de 50 chicos que estuvieron interesadísimos en la relación entre ciencia ficción y música rock que expuso Néstor y mis diez consejos para escribir ciencia ficción que se convirtieron en un debate sobre qué es ciencia ficción y qué es fantasía. Como estábamos todos en la mesa del panel, me refiero a Fernando, Néstor y yo, no pude grabar video, pero sí tengo el audio completo, disfrútenlo. Por cierto, nos halagaron mucho con un afiche promocional que hicieron los estudiantes para el evento. De allí nos fuimos a la Universidad de Guayaquil, esta vez pública, para repetir la experiencia, pero por asuntos de logística el evento fue suspendido.
Audio de la ponencia de Néstor y la mía en la Universidad Casa Grande
El afiche promocional de nuestra disertación universitaria
Fernando entonces nos dejó "libres" (él fue el que se quedó trabajando, son los bemoles de ser el organizador) y aprovechamos de preguntar por nuestros viáticos. Como nos tocó esperar, aprovechamos de pasear por el Barrio Las Peñas, un sitio encantador lleno de casa antiguas pintadas de vivos colores, ubicadas sobre una colina a la que se accede a través de 400 escalones, al término de los cuales hay un pequeño faro. Nosotros no teníamos mucho tiempo y yo admito mi enorme dificultad para subir escalones (recuerden que tengo un buen sobrepeso desde el embarazo y mis pobres piernas no me soportan mucho rato en pie). Así que llegamos hasta el escalón 200 y piquito. Y bajamos, buscamos los viáticos y nos fuimos a comer. Para ello bajamos caminando el laberíntico malecón hasta que encontramos un restaurante que se veía muy bonito. Para llegar a él tuvimos que seguir caminando como cien metros hasta la puerta de entrada al malecón, regresar por un camino que no llegaba al restaurante, pasarlo, seguir como cien metros más hasta encontrar un paso y unas escaleras y volver a bajar hasta el restaurante. Hacía calor y el clima estaba realmente húmedo, así que buscábamos algo con aire acondicionado. No era el caso, pero allí soplaba la brisa y estaba bastante fresco, así que funcionó bien. Entonces comimos, bebimos y hablamos por más de dos horas, hasta que fue hora de prepararnos para mi conferencia. Y desandamos el camino.
A las 6 de la tarde di mi plenaria. Había poca gente. Sin embargo, al final hubo un intercambio de preguntas muy intenso, que me encantó. Estuvo presente un periodista que iba a hacer un reportaje sobre mi conferencia, y hasta me hizo posar para las fotos. Y también estuvo el subsecretario de Cultura, si es que no me acuerdo mal de su cargo. Fue muy satisfactorio para mí, una experiencia que jamás olvidaré. No hablaré más de la presentación, porque tengo video de toda ella, gentilmente tomado por Néstor. Pueden verlo a continuación.
Una vista de la Feria el viernes por la mañana
Luego de esto, Fernando nos presentó a un montón de gente, incluyendo intelectuales y escritores de mucha reputación (y me presentaba como "la doctora Sussmann", no sé de dónde se sacó ese título). Vimos un concierto que era parte de la Feria. Y nos fuimos a cenar. Yo con apenas tres horas de sueño casi no recuerdo nada de lo que conversamos allí, pero sí recuerdo lo lindo que fue. Estábamos con cuatro familiares y amigos de Fernando. De allí al hotel y a dormir. No era temprano, pasaban de las once y yo terminé acostándome ya de madrugada. Luego supe que Néstor no se fue a dormir, sino que aprovechó el coctel de bienvenida (que yo nunca reclamé, no por falta de ganas sino por falta de tiempo) y pidió permiso para tocar el piano del bar. ¡Y yo me lo perdí!
En plena entrevista
Al día siguiente me levanté tarde, a eso de las 8. A las 9 me llamaron para decirme que a las 12, en el hotel, nos entrevistarían. Así que llamé a Néstor y bajamos a desayunar. Luego nos fuimos a dar una vuelta por el malecón y a tomar algunas fotos. Regresamos apurados al hotel para enterarnos que ya no era allí la entrevista, sino en la sede de la Feria. Nos llevaron en una van y entonces fue el periplo para enterarnos de quién sabía dónde era la entrevista. Finalmente nos entrevistaron y decidimos ir a comer. Caminamos en la dirección del Mercado de Artesanías (cosa más espectacular, me recordó mucho al Mercado de Artesanía de Mérica, o al menos como lo recuerdo hace diez años, la última vez que fui). Y decidimos entrar a un "patio de comidas" muy popular que tenía un local, gracias a Dios, con aire acondicionado. Allí nos pusimos morados de comida por 4 USD (4 USD para los dos). Y estaba rica, si hubiera tenido que quedarme más tiempo, hubiera repetido. Seguimos al mercado, paseamos compramos, y volvimos a la Feria. Para enterarnos que el viático, esa vez, iba a ser en el hotel. Faltaba una hora para la conferencia de Néstor, así que fuimos piradísimos al hotel. Allí nos dieron los honorarios por nuestra asistencia y volvimos con muchas prisas a la Feria. Llegamos a tiempo. Lo malo fue que habían reprogramado las actividades y la conferencia de Néstor pasó de ser a las 6 de la tarde a ser a las 7 de la noche. Y Néstor quería volver al mercado a comprar un ronroco. Corrimos como desalmados para encontrarnos que la tienda acababa de ser cerrada. Por suerte la señora aún no se había ido y accedió a abrir de nuevo y venderle el ronroco a Néstor. Y regresamos a la Feria piradísimos otra vez, llegando a las 7.05. La charla anterior aún no había terminado y se prolongó por veinte minutos más, así que Néstor tuvo tiempo de repasar su intervención y yo de conocer a una escritora de fantasía, Solange Rodríguez Pappe, que estaba encantada de haber encontrado a una mujer latinoamericana que escribiera ciencia ficción. También aproveché de hacer proselitismo tertuliano, y espero haber convencido a Fernando y a Denise de que inauguren la Tertulia Guayaca de Ciencia Ficción, fantasía y Terror (o algo parecido).
Y Néstor expuso magistralmente sobre la historia de la ciencia ficción argentina y, como antes, les presento toda su conferencia en video:
Luego Fernando y su esposa nos llevaron de nuevo a cenar y a ver un poco de la ciudad, y a visitar su casa. Fernando es un pintor muy bueno. Y vista su casa, puedo decir que también es un excelente arquitecto. De allí al hotel y fue la hora de la primera despedida. Fue poco el tiempo que pasamos con Fernando para lo que yo hubiera querido. A mí las despedidas se me dan mal, de modo que entré al hotel con un nudo en la garganta.
Era casi medianoche y mi vuelo salía a las 6 de la mañana. Lo adecuado era que entregara la habitación a las 3, así que debía levantarme a las 2 para bañarme y empacar. Dos horas para dormir: decidí pasar de largo. Y Néstor y yo seguimos conversando hasta esa hora, cuando llegó el momento de la segunda y más triste despedida.
Del vuelo de regreso ya no tengo nada que contar, porque la nostalgia ocupa casi todos mis recuerdos de esas horas. Viajé de Guayaquil a Panamá, desayuné huevos revueltos con jamón... y un bollito de yuca con queso (estaba rico). El vuelo iba casi vacío, así que pude estirarme a placer y dormitar un poco. En Panamá me gasté el cupo CADIVI (¡ya tengo iPad!) y de allí volé a Caracas, en medio de un sueño entrecortado, un sandwich de carne y queso y una mujer quejándose porque yo le había robado "su" espacio para poner la maleta sobre el asiento. Ah, no, mentira, el evento de la mujer que había pagado su espacio con sus impuestos había sido en el vuelo anterior, en este último tuve que facturar porque ya era demasiado equipaje de mano entre mi mochila, los montones de libros que me regalaron y lo que compré en Panamá.
En fin, llegué, pasé inmigración sin problemas, retiré mi equipaje, tomé un taxi y me dirigí rauda y veloz a ver a mi hijo... y luego a mi esposo. (Que sí, que al niño primero, porque con Carlos estuve chateando durante todo el viaje, y ésta fue la primera vez que estuve lejos de Tanis.)
De todo esto me quedó una pregunta: ¿Cuándo será la próxima vez?
A continuación y para terminar, una selección de fotografías:
Una de las entradas del Centro Cultural Libertador Simón Bolívar, sede de la FIL
La otra entrada
Néstor, una servidora, Fernando y el Rector de la Universidad Casa Grande
Preparando el papelito con mis datos para pedir facturas de todo por si me toca la lotería CADIVI
Yo tomando fotos y Néstor tomándomelas a mí
Barrio Las Peñas
Barrio Las Peñas
Vista del río Guayas desde Las Peñas
Las Peñas de noche
Las Peñas desde el malecón
Néstor en Las Peñas
Gobernación de Guayaquil
La Torre del Reloj
Un barco
Otro barco (un buque escuela)
Néstor fotografiando una fuente en el malecón
En la Plaza de las Iguanas, estatua de Simón Bolívar y la Catedral de Guayaquil al fondo
Las iguanas de la plaza
Una ardilla
La glorieta
Una servidora, Bernardita (la esposa de Fernando), Tanya (su hermana), Néstor, el hijo de Tanya y su novia (escritora)
Una servidora, Carlos Sylveira de Argentina y la encargada de las entrevistas, con Sheila Walker al fondo
Luego de leer tu entrada, escuchar el audio y los videos completos no me queda sino felicitarte por tu participación y agradecerte el esfuerzo de plasmar tu experiencia por este medio para compartirla con todos, complaciendo una vez mas a ese ser interior que rasca las paredes de nuestra conciencia cotidiana, que te agarra sin piedad por una víscera y pide a gritos: "¡Ponme en letras!", aunque el resto del cuerpo se resista, esperando conseguir un merecido descanso reparador.
Hola Su,termino de leer lo que escribiste y me queda por decirte que pese los inconvenientes previos, valió la pena. Seguramente tu encuentro con personas queridas como Néstor y demás que nombrás van a ser inolvidables. Mis felicitaciones para vos y deseos de que sigan los éxitos.Queda pendiente el video, pero lo quiero ver y escuchar tranquila. Un abrazo enorme. Neli :)
4 han opinado:
Luego de leer tu entrada, escuchar el audio y los videos completos no me queda sino felicitarte por tu participación y agradecerte el esfuerzo de plasmar tu experiencia por este medio para compartirla con todos, complaciendo una vez mas a ese ser interior que rasca las paredes de nuestra conciencia cotidiana, que te agarra sin piedad por una víscera y pide a gritos: "¡Ponme en letras!", aunque el resto del cuerpo se resista, esperando conseguir un merecido descanso reparador.
Hola Su,termino de leer lo que escribiste y me queda por decirte que pese los inconvenientes previos, valió la pena. Seguramente tu encuentro con personas queridas como Néstor y demás que nombrás van a ser inolvidables. Mis felicitaciones para vos y deseos de que sigan los éxitos.Queda pendiente el video, pero lo quiero ver y escuchar tranquila. Un abrazo enorme.
Neli :)
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