viernes, 4 de noviembre de 2011

Despreciando el trabajo ajeno


En la reciente FIL de Guayaquil tuve la oportunidad de asistir a una ponencia sobre el fenómeno de las editoriales cartoneras. Era algo que había oído mencionar, pero de lo que no estaba muy enterada. Néstor dijo en su conferencia que el concepto de la editorial cartonera había nacido en Argentina durante una dura crisis económica, y consiste en hacer libros a mano, de forma completamente artesanal, encuadernándolos con cartón recogido de la basura. Un proyecto artesano y ecológico como pocos. Incluso Néstor me presentó el primer libro cartonero que veía en mi vida editado por Letra Sudaca. Poco después Fernando me regalaría una novela suya hecha por una cartonera. El concepto me gusta, es una manera tan válida como cualquier otra de promover la literatura y de convertir el objeto libro en una obra de arte. Los editores que hablaron en esa ponencia dijeron que era una oportunidad para escritores noveles de ser publicados, lo cual es cierto, porque si no te conocen jamás saldrás con una editorial comercial. Pero yo creo que es una espada de Damocles, porque con libros artesanales no puede haber una tirada grande ni llegará a muchas manos, así que nunca te van a conocer. Y en el mundo de las editoriales comerciales, vamos, las apariencias importan, así que no es lo mismo presentarte ante un editor a mostrar tu trabajo en la forma de una autoedición elegante que en la forma d eun libro artesanal... a menos que éste esté hecho con una gran calidad (porque hay artesanías y artesanías, caray, y en la FIL vi libros artesanales muy bonitos y otros cuya calidad dejaba mucho que desear). Así que el concepto me agrada, siempre que se haga con la intención de tener un producto de alta calidad. Por tanto yo apoyaría a una editorial cartonera cuyo producto merezca la pena, pero no a otra que haga libros de mala calidad. No apoyaría un proyecto sólo porque es independiente, o porque "se enfrente a las editoriales tradicionales" (palabras de un chico de 18 años en la ponencia), ni mucho menos porque lo lleve adelante un niño (es como apoyar un proyecto porque lo lleva una mujer, un negro o un gay, es algo discriminatorio).

Pro no es de las editoriales cartoneras que quiero hablar. Resulta que durante la ponencia habló un chico de una editorial cartonera peruana. Entre otras cosas, dijo una cosa que me molestó. Palabras más, palabras menos, dijo que a él le preguntaban sobre el futuro del libro en papel ante el tema de las ediciones digitales, y que su respuesta era que el libro no desaparecería "porque la gente que hace ediciones digitales no se da cuenta de todo el trabajo de edición y corrección que hay detrás de un libro". Lo lamento mucho, pero eso me hizo hervir la sangre. Porque tal vez él quiso referirse a las autoediciones, es decir, a los autores que se saltan todo el proceso editorial y se van a Lulu o a otro servicio similar y sacan a la venta un libro que no ha sido revisado ni corregido ni diagramado de forma decente. Pero si se refería a eso no lo aclaró, lo que dijo textualmente era que las ediciones digitales no corregían los textos, ni los editaban, ni los diagramaban, ni nada de eso. Yo, como editora digital, sé muy bien todo el trabajo que da hacer una revista, no ya digamos un libro. Y es el mismo trabajo que un libro en papel; el proceso de imprenta y encuadernación es lo único que nos saltamos, pero a cambio debemos (man)tener una plataforma informática. Porque la distribución la tenemos que hacer también. 

En aquel momento yo no quise dar mi opinión al respecto por tres razones. Una, no había tiempo para intervenciones del público. Dos, era la hora de mi conferencia. Y tres, Néstor me dijo que me calmara, y cómo negarme a algo que él me pida. Pero necesitaba contarlo, necesitaba decir que me sentí insultada en mi profesionalismo, porque puede ser que yo no sepa hacer todo de la forma en que lo hace una editorial con profesionales de las distintas áreas en su plantilla, pero lo hago de la mejor manera que soy capaz, aprendiendo siempre para hacerlo mejor, y el trabajo enorme que eso representa tiene su valor. Y porque mi revista, cuya calidad es bastante inferior a la de muchas otras revistas digitales, es infinitamente superior en calidad a algunos* libros de editoriales cartoneras que yo vi por ahí.

(Y, por cierto, he visto escribir comentarios en Face a uno de los chicos editores y francamente, aunque a lo mejor no sea él el que hace la corrección de los textos, pero un editor debería saber escribir sin faltas de ortografía. Es su tarjeta de presentación.)

* Cuando digo 'algunos' quiero decir que los hay muy bien hechos, muy cuidados, pero también hay otros que se excusan en la palabra artesanía para justificar una muy baja calidad.


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