viernes 25 de noviembre de 2011

Madres (y padres, y abuelos)


El otro día estaba yo en una tienda de ropa infantil comprando pijamas nuevos para Tanis. Delante de mí estaban dos mujeres, que iban juntas. Una llevaba un niño como de dos años sentado en el cochecito. La otra llevaba una niña como de tres y estaba con otra niña mayorcita, quizá de unos ocho años. La niña grande subía corriendo las escaleras de la tienda para ver los vestidos de Navidad. Y se caía. La primera vez se quejó, se ve que le dolió. La segunda vez yo venía bajando las escaleras y la tuve que ayudar a levantarse y a terminar de subir sin caerse de nuevo. Decidí darle el beneficio de la duda a la madre: a lo mejor estaba más pendiente de la niña chiquita, a lo mejor cree que los niños deben caerse para aprender, a lo mejor... no sé, cada quién educa como mejor le parece. Pero lo mínimo que me parece es que ella se asomara a ver si la niña no se había hecho daño de verdad. No sé, digo yo. Mientras tanto, los dos niños pequeños estaban llamando insistentemente a las mamás. Tratando de soltarse de las correas de los carritos. Llorando. Y las mamás, conversando tranquilamente. Ni una mirada. Si uno de los niños estuviera llorando porque se pisó el dedito con el cochecito, la madre no se hubiera dado cuenta.

En otra ocasión me deleitaba mirando a una niñita de unos dos añitos jugando con un globo de helio. Lo jalaba, lo soltaba y de moría de la risa mirando cómo subía. Era un placer verla. Al lado, cuatro adultos ignorándola mientras hablaban de sus cosas, una abuela vigilándola con cara de aburrimiento y poco después un papá llevándosela casi a rastras cuando acabó de comer.

Una cosa que noto cada día con más alarma es la desidia con la cual muchos padres y madres ignoran a sus hijos. Claro que lo más común es que la gente tenga a los hijos para cumplir un deber social, para retener a un marido o simplemente por accidente. Porque si tienes un hijo por amor, jamás lo ignorarías así.

1 han opinado:

Denise Nader dijo...

Entiendo perfectamente lo que dices. Y no es casual que esos niños sean quejumbrosos, llorones. Cuando veo niños así, me da pena, porque no es que sean "malcriados", sino que buscan desesperadamente llamar la atención. He visto niños de padres que están constantemente con ellos, los llevan a todos lados y les dan la atención que requieren, y esos niños son más seguros, serenos y felices. No dejan de hacer travesuras como todo niño, pero las hacen por diversión y no para invocar la atención de sus padres. Es muy triste lo que cuentas.