Es la casa de los abuelos. Algunos días antes de Navidad se reúnen allí los hijos con sus esposos y esposas, y los hijos de sus hijos. Es tradición que para estas fechas los hijos varones y los yernos han pintado toda la casa, se han colocado las decoraciones navideñas que varían de casa en casa pero suelen tener en común el arbolito de navidad (ya sea natural o de plástico) al cual cada año le añaden nuevos adornos, hasta que ya no puede cargar más, y el Nacimiento. El Nacimiento es una actividad familiar en la que participan mucho los niños. Los Nacimientos tradicionales tienen las figuras tradicionales, la Virgen, San José, los Reyes Magos, la mula, el buey, el Ángel, la estrella, y el pesebre vacío hasta la medianoche del 24. Pero además año a año se les va rodeando de pastores, ovejas, fuentes, riachuelos, casas, arbolitos y hasta carros, trenes y barcos. Una vez vi un Nacimiento con un vagón de teleférico. Un Nacimiento que se pone durante muchos años en una casa acaba siendo una gran maqueta que mezcla objetos variopintos de diversos tamaños, calidades y materiales. Lo más común es que la base de la maqueta se haga de papel arrugado, pintado de verde y cubierto de musgo.
Pero el día de hoy es el más familiar. Los niños más pequeños están jugando en el patio. Los más grandes ayudan a sus padres y abuelos en la preparación de las hallacas. La mujer mayor, usualmente la abuela, es quien dirige. Ella comienza preparando un guiso de carne con bastante salsa. Mi forma preferida de guiso incluye trozos de pollo y cerdo, de forma que se hace un guiso muy gustoso con las tres carnes. Cuando el guiso está listo, se saca del fuego y se deja enfriar. Es entonces cuando hijos, hijas, yernos, nueras y nietos varios se suman a la actividad. Es común que mientras hacen esto beban cerveza fría (los adultos), ya que Venezuela es cálida incluso en la época "fresca", pero si hace mucho frío ese año (18 o 16 °C) puede que las damas beban ponche crema (ponche de ron, leche, huevos y azúcar). También suele ponerse música navideña de fondo, entre aguinaldos, villancicos, parrandas y gaitas. Más que un trabajo, es una fiesta.
Las hallacas se hacen en serie, por eso es mejor mientras más gente ayuda. Uno hace la masa de harina de maíz con agua y de la color anaranjado con aceite en el que se ha cocinado una generosa ración de onoto. Algunas personas hacen la masa con el líquido del guiso, y así quedan mucho más ricas. Otro selecciona las hojas de plátano, dividiéndolas en grandes, medianas y pequeñas. En las zonas más rurales la gente corta las hojas de los árboles de plátano ellos mismos, pero en zonas más citadinas se compran ya cortadas. Otros limpia las hojas por ambos lados. Otro les pone aceite coloreado a las grandes. Otro pone una bola de masa y la aplasta y amasa hasta formar un disco delgado en el centro de la hoja. Otro le pone una cucharada de guiso. Otro le pone una tirita de pimentón. Otro le pone una ruedita de cebolla. Otro le pone dos aceitunas. Otro le pone varias pasas. Otro le pone una o dos alcaparras. En algunas zonas la gente le pone una rodaja de huevo duro o dos almendras. Otro cierra la hallaca de manera que queda rectangular y usa las hojas pequeñas para ponerles una faja alrededor. Y otro más las amarra con pabilo (un tipo de cordel).
Una vez que se acaban los adornos (pimentón, cebolla, aceitunas, pasas, alcaparras) y las hojas grandes, se mezclan los restos de masa con los restos de guiso para hacer lo que se conoce como bollos. Esta masa con guiso se pone en el medio de una hoja mediana y ce cierra como la hallaca, pero es más pequeña. Usualmente se amarra de forma diferente para distinguirla de la hallaca. Y luego bollos y hallacas van a la olla con agua hirviendo a cocinarse. Para este momento suele quedar la abuela con unas mujeres para ayudarse en esta fase final. Una vez cocinadas, se escurren y se dejan enfriar, para finalmente refrigerarlas.
Es costumbre comer hallacas todo diciembre y el año siguiente hasta que se terminan. Como las hallacas se hacen en serie, suelen hacerse muchas. Cientos de hallacas, para que cada familia se lleve una bolsa a casa y llene su nevera. Y bollitos, muchos bollitos. Para comer la hallaca, se saca de la nevera, se cocina unos veinte minutos en agua hirviendo y se le quitan las hojas.
La cena de Noche Buena suele incluir hallaca, pan de jamón, jamón planchado y/o pernil navideño y/o pavo relleno, ensalada de gallina, bebidas variadas (pero no debe faltar un vino espumante para el brindis), turrones, panettones, torta negra (nuestra torta de navidad), dulce de lechoza y a veces mazapanes. También se hace en familia ampliada. A media noche es el intercambio de regalos (para los adultos, mientras los niños fingen dormir para que el Niño Jesús les traiga juguetes).
En Año Nuevo se hace una cena familiar también, pero el ambiente es más festivo. Suele haber más bebida, música, baile, fiesta, las doce uvas a medianoche, la cucharada de lentejas para la prosperidad, la ropa interior amarilla puesta al revés para la suerte, dar la vuelta a la manzana con las maletas vacías para tener viajes, mucha pirotecnia. A veces se deja a los niños estar despiertos para recibir el año nuevo.
Pero lo más bonito de todo esto es que una vez que la familia ha terminado sus montones de hallacas, empieza a regalar. Dos para el vecino. Cuatro para la vecina de enfrente. Dos para el portugués del abasto. Seis para la viejita de la otra calle. Hallacas para la maestra de los niños, hallacas para el repartidor de periódicos, para el barrendero, para la conserje, para la novia del hijo. A la vez aquél nos dio dos, el otro nos dio tres, aquella nos dio seis, y la nevera acaba llena de hallacas todas diferentes, y cuando nos vamos a comer una ya no sabemos con qué relleno o sazón nos vamos a encontrar. Pero como dice esa parranda tradicional: "la mejor hallaca... ¡la de mi mamá!"
Así eran las Navidades hace treinta años. Tal vez sigan siendo así en el interior del país. Pero en la capital ya no. En la capital la vida es tan acelerada que ya nadie hace hallacas, o hace pocas, mucha gente las compra hechas. Y ya nadie regala hallacas al vecino, porque usualmente no conocemos al vecino. Pero valga este relato para que sepan cómo vivimos las Navidades en Venezuela antes de que el mundo moderno nos tragara.






